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Lina Mendoza: Más de 4 décadas como profesora de cocina y repostería en Acarigua-Araure

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Escrito por Beatriz Quintana

Araure.- Los recuerdos más preciados que tenemos los seres humanos, se tejen alrededor de la cocina familiar, con esos aromas y sabores que cada madre y abuela van transmitiendo, con recetas sacadas de quién sabe dónde, pero que siempre nos llevarán al mismo lugar: al origen.

No en balde, llamamos hogar al sitio que nos acoge como grupo, también al que nos da calor, donde el fuego nos reúne para calentarnos y alimentarnos el cuerpo y el alma. Así es la cocina en cualquier lugar, la referencia universal donde hombres y mujeres coinciden y vuelven a ser niños para decir, que la mejor comida es la de su país, la de su casa, la de su madre.

Hay quienes, más allá, salen a transmitir esas tradiciones a otras mujeres, que se forman para enseñar técnicas, que se apasionan con cada receta y que saben que ese puede ser el punto de partida, la chispa y la magia para una mujer u hombre que quiere hacer feliz a su familia, desarrollar un talento o emprender un negocio.

Surgen mujeres entregadas al placer de cocinar y enseñar como Lina del Carmen Mendoza Colmenárez, quien desde niña y hasta el día de hoy se ha dejado envolver por la química culinaria y llevado este amor, apoyo y conocimientos a cientos de mujeres de diferentes clases sociales que se mezclan en una escuela, y se integran para dar como resultado una nueva promoción, durante sus más de 4 décadas de experiencia.

Actualmente está jubilada, pero sigue activa con Cáritas.

Alrededor de 50 reconocimientos, exhibe Lina en las paredes de su casa, de aquellas lejanas cohortes graduadas en cocina y repostería, en la insigne Escuela de Artes y Oficios Aminta de Ramos de Acarigua-Araure, cuyas exposiciones de fin de año eran admiradas por cada visitante.

Se graduó de licenciada en educación integral para reafirnar la vocación de maestra, labor que comenzó a los 17 años. Luego, en Caracas, se fue a buscar niveles más altos y se graduó de chef internacional. Además, siguió estudios como chef pastelera.

“Tenía como alumnas mujeres de los barrios, pero también aquellas que requerían una formación más especializada, así que lo que no sabía, debía aprenderlo, porque enseñar es mi pasión”, declaró.

30 años más tarde fue jubilada y siguió dictando sus cursos en casa. Actualmente y desde el 2019, como un requerimiento de Cáritas en la Parroquia San Pablo a la que Lina asiste, reinició sus formaciones, esta vez como voluntaria. También es facilitadora de la Asociación Nacional Prosuperación Personal, A.C. (Anspac) una organización dedicada a fomentar al desarrollo integral de las personas, mediante talleres para adultos y jóvenes, promoviendo el crecimiento personal.

“Mamá, yo quiero estudiar”

Lina del Carmen nació en Araure, el 10 de noviembre del 1959; una niñez de juegos en casa y escuela primaria normal y feliz. Una caída en la que se golpeo fuertemente la cabeza interrumpió su ingreso a la secundaria, pero Lina no se conformó con el diagnóstico de los médicos que recomendaban no seguir, porque padecía fuertes migrañas.

“Yo insistía: ‘Mamá, yo quiero estudiar’”. Su madre, que no tuvo oportunidad de asistir a la escuela, la inscribió a los 14 años en el Centro de Capacitación Aminta de Ramos —con más de 60 años de trayectoria— que da formación técnica en artes y oficios.

Cuando era una adolescente se inició como profesora en la Aminta de Ramos.

“Mi mamá me inscribió a los 14 años. Hice 2 cursos en la tarde de costura y labores, y por la noche de repostería y cocina. Me hice maestra gracias a doña Matilde, que me dio la oportunidad para hacerle una suplencia. Yo tenía entonces 17 años. Me gusta, me apasiona enseñar cocina criolla e internacional, repostería, panadería, pastelería, dulcería, pastillaje y elaboración de vinos. Les explico el valor nutricional, a combinar los colores, poner una mesa, hasta medicina natural “, expresó.

-Agradezco mucho a Carmela Di Natale, la directora de la escuela, su confianza. Para mí fue muy importante como profesora de cocina y repostería, porque cuando ella me presentó al grupo de alumnas, salió una de las participantes y dijo: ‘¿A mí me va a enseñar una tripona?’ ¡Todavía lo recuerdo!, dijo.

Llegó a tener una matrícula de 120 alumnos. Por esas aulas suelen pasar desde adolescentes y amas de casa hasta mujeres sin ninguna preparación académica u oficio, que llegan con ganas de aprender una forma de ganarse la vida, de ser independientes para sostener su hogar, sus hijos, y tener una base. A esas, son las que con mayor interés y cariño enseña la profesora Lina.

Las alumnas de Anspac parroquia San Pablo.

“Mi mayor satisfacción es el logro alcanzado por cada uno de mis alumnos. Algunos tienen sus propios negocios y no dependen de otros”, afirmó.

La docencia

Diferentes instituciones han tenido a Lina de profesora, como la Casa de la Cultura Nemecio Godoy, en el estado Lara; el Centro de Capacitación Fe y Alegría, el Centro de Capacitación Laboral San Rafael Arcángel, el INCE Portuguesa y el Centro de Capacitación Aminta de Ramos, en el que estuvo dede 1979 hasta el año de su jubilación, en 2009. Actualmente hace labor voluntaria con Cáritas, coordinando el Programa de las Madres Emprendedoras, y en Anspac.

Un grupo de sus alumnas en Cáritas de la parroquia Santa Elena.

También es la costurera de toda su familia ¡Qué suerte tienen!

“Tengo 1 varón y 2 hembras, 10 nietos, 5 bisnietos. Gracias a Dios en esa época en que estudiaba y trabajaba, contaba con mi mamá y con un marido que me apoyó siempre”, dijo orgullosa y agradecida.

Lina con sus 3 hijos.

Ella, la mujer estudiosa, la cocinera, tiene como proyecto próximo terminar un salón bien equipado para seguir capacitando al que desee aprender el arte de la cocina.

“Yo nací para enseñar y me siento satisfecha”, afirmó. (CNP 16.100)

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