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Adriana Pico: la talentosa guanareña que pasó del espectáculo y el entrenamiento deportivo a MasterChef World

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Escrito por Beatriz Quintana

(SDC)._ Cuando nos escribió para contarnos que estaba súper emocionada por haber llegado a la segunda ronda de MasterChef World App, en Tenerife, España, no esperábamos una historia con tantos capítulos interesantes. Y es que, desde el nombre hasta la estatura y, sobre todo, su personalidad, hacen de ella un ser que destaca donde quiera que llegue.

Adriana Nefertiti Pico Hernández, o “Nefer”, como la llaman sus amigos, mide 1,80 metros. Quería ser actriz, dedicarse al mundo artístico, y hacia allá dirigió su talento cuando era adolescente.

A la edad de 9 años, después de pasar por un trauma emocional, fue diagnosticada con el “síndrome de Stevens-Johnson” y los médicos le dijeron a su madre que solo le quedaban tres meses de vida. Quizá por eso ella vive con tanta pasión y llena de positivismo cada momento de sus días.

Adriana cuando estudiaba en el Colegio Fe y Alegría de Guanare.

Desde pequeña, y para ayudar a su madre, que estaba en el hospital con su hermano mayor, debió ocuparse de la casa y cocinar.

Así descubrió que le encantaba cortar y mezclar ingredientes, crear nuevos platos y que alimentar con amor a los suyos era muy gratificante. Combinó durante su juventud el teatro, destacándose no solo en Guanare, sino también en Caracas, y le gustaba tanto cocinar que abrió su propia panificadora, apoyada siempre por su madre, también excelente cocinera.

Pero Adriana era, además, una joven que sobresalía por ser muy alta y estar en excelente forma. Así que, sin ser una chica linda, audicionó para el Miss Venezuela, impresionando al propio zar de la belleza, Osmel Sousa.

“Fui el ‘patito feo’ del Colegio Fe y Alegría y la ‘mostra’ del Liceo Unda. Yo siempre fui una de las más altas y, en ese tiempo, cualquiera te decía algo —no sabíamos que existía el bullying—; tú te quedabas con ese apodo y, así fuese burla, te lo aguantabas. De allí también nace ‘Nefer’. De hecho, ahora mismo mucha gente se está enterando de quién es Adriana Pico”, explicó con humor.

¡Pero cuando se quiere, se puede! Nada podía detener a esa mujer, que había sobrevivido a tan terrible diagnóstico, para lograr, sin miedo, todo lo que quería para sí misma.

Se preparó y se fue a estudiar Arte a la Universidad Central de Venezuela (UCV). Paralelamente, participó en varios comerciales de televisión: el de Coca-Cola, de la mano de Rubén Limardo, y de Pdvsa, entre otras marcas. Fue promotora, actriz de teatro e hizo modelaje.

Fue animadora de eventos y productora de televisión en Caracas.

“Durante esta etapa tan feliz, me enamoré de la producción televisiva y estuve detrás de cámara para un programa llamado ‘Pequeños Gigantes’. Además, participé como extra en la película ‘A mí me gusta’, con Mónica Pasqualotto”, indicó.

Y de allí en adelante se sumergió en el mundo de la producción de eventos. Fue animadora, representante de marcas y, desde su cuenta de Instagram, entrevistó a figuras destacadas del mundo deportivo, que tampoco se escapó de sus intereses.

Adriana, que no pudo hacer deportes en su infancia porque su grave enfermedad se lo impedía, de adulta entrenaba a diario y se destacó como trainer de musculación y nutrición deportiva. Llegó a ser la única juez estadal de fisicoculturismo que tenía el estado Portuguesa.

Ahora vive con su hija Victoria y su marido en Santiago de Compostela, España, y ha logrado superar los primeros retos en MasterChef Tenerife, combinando en sus platos su origen y la gastronomía de la ciudad que la recibe.

Desde Venezuela pueden ver su evolución por su cuenta en Instagram: @soyestilovida.

La de la placita de La Sucre

Ella es orgullosamente guanareña. Nació el 26 de diciembre de 1987 y asegura, entre risas, que fue la primera niña nacida en la urbanización Antonio José de Sucre, de Los Próceres, en Guanare.

—Mi enfermedad fue tan terrible que, con 9 años, le pedí a mi madre que me dejara morir en paz. Ya podrás imaginar la magnitud de todo lo que me hacían médicamente hablando, con un diagnóstico de “síndrome de Stevens-Johnson”, y ya le habían dicho a mi madre que me quedaban tres meses de vida. No soportaba mi piel porque su aspecto era igual al de un paciente quemado. Yo daba miedo, mis órganos sangraban. Los médicos se preguntaban: ¿cómo podía seguir viva? Pero aquí estoy, casi 30 años después.

Las tablas

“Soy de madre llanera y padre andino. Me crié en un hogar del llano, con reglas, normas y muchos valores. Soñaba ser actriz y logré estudiar teatro”, expresó.

En el Liceo Unda estudió Artes, mención Teatro, que para ese momento era única en todo el país.

“Soy de la generación de la recordada y elegante América Córdoba de Pérez. Allí pasé inolvidables momentos, con formadores artísticos en la danza, como el profe Ricber Molina; en el teatro, con Fischetti y Carmen Guédez; en cerámica, la profesora Mildred y el profesor Antonio, en el taller de Bellas Artes; en plástica, Ana María Rincones. Y pido perdón por los que ahora mismo se me olvidan los nombres”, agregó.

Se graduó de bachiller en Artes, mención Teatro, en 2006, pero en marzo de ese año presentó la prueba interna de la UCV y quedó, de cinco mil alumnos, en el lugar 516.

Ser actriz fue su sueño desde pequeña.

“Como era muy rudo entrar, debíamos presentar currículum y ya llevaba una trayectoria teatral desde el Centro de Bellas Artes Amanda Muñoz de Urriola y de la Escuela de Teatro José Antonio Páez, con Fischetti y Orellana. También hice danza con los profesores Manuel y Ricber. Luego paso a la Compañía Regional de Teatro, con mis formadores: Carlos Arroyo, Mayely Delfín, Edilsa, Elvis, Emiliana, Lihusmar, Julián Ramos y Aníbal Grunn. Llevo mucho de mis formadores y no los olvido jamás”, declaró.

Con esa trayectoria quedó entre los 16 alumnos que ingresaron a la licenciatura en Artes, mención Cine, en la Facultad de Humanidades de la UCV. Simultáneamente, seguía haciendo teatro con el admirado maestro Alberto Ravara.

También se empeñó en entrar al concurso Miss Venezuela. Llegó con 20 años y logró pasar tres castings.

“Pero para ese tiempo yo vivía sola en Caracas, estudiaba y fue difícil continuar porque sabes que entrar a ese tipo de concursos es costoso y, si no tienes los recursos suficientes, se hace cuesta arriba”, dijo.

La maternidad

“Ser madre es un tema muy profundo. Yo no podía tener hijos, y ¡mira, ya tengo una de casi 14 años! Hay quienes romantizan la maternidad. Yo hablo siempre de lo real. Es muy rudo porque nuestro cuerpo femenino hace un cambio radical. Además, hay que tener mucha inteligencia emocional y estar preparadas para el reto de dar vida y educar, sobre todo en una generación de cristal, como esta, y padres de algodón. El mayor dilema es encontrar el eslabón entre cómo te educaron a ti y cómo se debería educar ahora, porque no hay manual para ser padres. ¡Dar vida no es un juego!”, afirmó.

Fisicoculturismo y fitness

Regresó a Guanare por tres meses y se quedó.

“Comencé con el curso de Monitor de Sala de Musculación en la Federación Venezolana de Fisicoculturismo y Fitness y luego decido seguir especializándome, continúo con la formación dentro de la Federación en las certificaciones de ‘Nutrición y Suplementación Deportiva’, y hago el curso para juzgar. Fui durante un tiempo la única juez estadal de fisicoculturismo que tenía el estado Portuguesa”, indicó.

Con el equipo de la Federación Venezolana de Fisicoculturismo y Fitness.

España

España no fue una elección, fue más bien lo que tocó —dijo—. Su hermano menor ya llevaba 10 años allí, falleció su padre y les pidió a ella, su hija y su madre que se fueran también a ese país.

“Mi hermano menor se la curró muy duro para traernos a las tres a la vez. Él, con el apoyo de su esposa, logró, por fin, traernos y ha sido una adaptación bastante fuerte como para cualquiera que sale de su país. Llegar a Galicia y no entender nada el gallego fue rudo; adaptarte a una casa nueva, a una vida que no tenía nada que ver con lo que estaba haciendo, dejarlo todo y arrancar en cero no tiene nombre. Nos vinimos a una aldea de Galicia, llamada Arzúa, y, como soy de no detenerme, a las dos semanas, buscando qué hacer, conseguí trabajo en una nave de cerdos”, contó.

En marzo de 2025 la llamaron para participar en una obra de teatro en gallego y se aprendió el guión.

“Los entiendo perfectamente. ¡Pero es un show escucharme porque me cuesta mucho pronunciarlo! Perdón, pero el acento venezolano, hable lo que hable, no está en mí perderlo”, dijo con humor.

Después logró entrar en la hostelería y afirma que ha aprendido mucho de cocina española, sobre todo, de la gastronomía de Galicia.

“La cocina es mi terapia sin terapeuta, donde no tengo que actuar. Cocinar es crear lienzos comestibles, es contar mi historia y dar amor en cada plato. Más que hacerlo profesión, es pasión, mi cable a tierra”, aseguró.

MasterChef

“Es la primera vez que puedo ser todo lo que soy en un solo lugar: la actriz, la madre, la migrante. Con MasterChef, Tenerife se quedó tatuado en mi alma y mi piel, y regresar a Santiago de Compostela con un delantal ha sido un compromiso enorme. Ser semifinalista y llevar el nombre de Venezuela en alto,  es maravilloso. Me quedo corta de palabras”, cuenta emocionada.

Los dos venezolanos semifinalistas de MasterChef World App, Tenerife.

Ella sueña y se visualiza con el delantal blanco, triunfante, de la ronda final MasterChef El Reto. Poder ser ejemplo para muchos y demostrar que los sueños no caducan mientras tengas disciplina y te prepares constantemente.

“Quiero ser esa fuerza para muchas niñas que sufren ahora mismo de rechazo y bullying por no encajar. Que también se vale ser distintos”, dijo, recordando su adolescencia.

—Me fortalezco con los rezos bajitos de mi mamá, de la fe que me dejó mi padre. Yo creo mucho en Dios, pero en ese que está en el hacer y agradecer, no en el de pedir.

“Actualmente estoy feliz, el amor de mi vida llegó tarde, pero llegó bien. Un regalo que me recordó que yo también merezco que me cuiden. Soy exigente, conmigo más que con nadie, pero ahora exijo con amor, no con culpa”, afirmó.

Una de las fotos oficiales de MasterChef con delantal del equipo rosado.

Para la guanareña, la migración es un duelo largo. Es enterrar a una Adriana en Venezuela y parir otra todos los días.

—Es echar de menos, como dicen aquí, sobre todo una amistad de más de 20 años, esa hermana que me regaló la vida. Me ha costado estar sin Leznia, sus dos hijas y su madre, que se convirtieron en mi familia.

“Agradezco cada segundo el regalo de estar viva. Agradezco la riqueza de tener una madre viva, por mis dos hermanos, mi marido, una hija que no me deja desmayar y el legado de mi padre”, expresó.  CNP 16.100

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