Acarigua.- ¡Fue Rambo el que lo inspiró!…pero no el que todos imaginan, sino un pequeño perrito que no podía enderezarse y sostenerse con sus patitas traseras. Después vinieron muchos más: Titi, Sparki, Aarón, Macho, Mía y Danna, entre otros perritos que, por diferentes razones, tenían dificultades para caminar.
Gabriele Vinciguerra Leopardi es piloto comercial agrícola de profesión y veterinario de corazón; un hombre que ama volar, sentir y disfrutar la naturaleza, y con una gran habilidad en sus manos para reparar, producir, construir y crear, porque de su abuelo heredó su lado artístico,…ese con el elabora objetos decorativos y relojes artesanales.
Es un hombre sencillo y trabajador, hijo de italianos inmigrantes, de los que vinieron tras la Segunda Guerra Mundial y, desde el campo, hicieron de Portuguesa el Granero de Venezuela.
¡Quisimos entrevistarlo por la construcción de andaderas caninas y nos encontramos mucho más!, ¡un hombre con mucha historia!
“Me dedico a la fumigación del área agrícola. Soy herrero porque siempre me ha gustado y lo aprendí cuando trabajaba en la finca de mi papá. Tengo 9 años de experiencia en refrigeración, tengo un taller con cortadora láser, y una carpintería donde fabrico artesanías y relojes bajo pedido totalmente personalizados”, expresó al preguntarle a qué se dedicaba.
—Fui agricultor en la finca de mi papá; desde los 13 años hasta los 25 años. Trabajé con él en la finca, pero siempre quise ser piloto, es mi pasión y mi fuente principal de ingresos económicos; el resto son hobbies que, con el tiempo, se han convertido también en negocio.
Después de atender a Rambo, que nació con dificultades en sus patitas traseras, ha fabricado doce andaderas para diferentes casos.
“¡Y cada una es una gran satisfacción! —dijo emocionado— ver cómo les cambia la vida a esos ‘angelito’ cuando empiezan a caminar y a correr. Siempre estoy investigando, y aprendiendo más y más, entre una y otra andadera, para mejorarlas y adaptarlas a cada perrito”.
Si ayudas a uno, los ayudas a todos
“Sí, he hecho 12 equipos con ruedas, y el desafío más grande que he tenido es la que actualmente estoy fabricando para un perrito discapacitado de sus patas delanteras. Es la primera vez que me toca. Antes de la definitiva hay que hacer varias pruebas. Siempre se lleva tiempo hacerlas”, explicó.
Fue con Rambo con el que empezó toda esta historia de los equipos de ruedas. Tenía a su cargo 14 perros (comida y medicamentos incluidos) en el aeropuerto de La Colonia Agrícola de Turén.
Trataba de vacunar a todas las hembras para que no salieran embarazadas, pero siempre se le escapaba alguna y en una de esas camadas nació Rambo, con un problema en la columna que no le permitía caminar.
“De 6 hermanos él fue el único que nació así. Logré dar en adopción a los otros 5 hermanitos. A él nadie lo quiso. Me lo llevé a mi negocio y empecé a buscar información entre la IA y YouTube. Hice mi primera andadera; al ver cómo reaccionaba, con la alegría y emoción que corría, hablé con el veterinario y él me asomó la idea de fabricarlas a nivel comercial, pero de una vez le dije que no, que si las hacía era gratis y es uno de los que más me recomienda para hacer este trabajo”, aclaró.
Actualmente quedan 12 perros a su cargo en el aeropuerto de La Colonia Agrícola de Turén. Logró esterilizar ya a 4 hembras, pero la que no se deja agarrar dio a luz a 7 perritos el pasado 28 de octubre: “Ya les dije a los que están cerca de ella que se le acerquen y la acaricien a ver si saliendo de estos 7 que tuvo, se deja agarrar para esterilizarla”, explicó.
Para mantener esa manada alimentada, Gabriele tiene allí comederos permanentes y comenta que “es costoso comprar tanta perrarina, pero es lo primero que hago”.

Así está Rambo en la actualidad, cuidado y muy querido por Gabriele.
Rambo tuvo mucha suerte de quedar en manos de Gabriele, que lo tiene en su negocio de Acarigua, y es feliz con otros dos amigos perrunos: el Tuerto y la Muñeca, que también son rescatados.
Otras historias perrunas
Comentó que otra gran alegría fue la recuperación de Mía, una perrita que nació con una complicación en el sistema nervioso, por lo que no podía ni mantenerse en pie ni caminar.
Mía fue rescatada con 2 meses de nacida, tras ser abandonada a su suerte en una caja frente a un hospital. Gabriele conoció su caso cuando ya tenía 10 meses, cuando se la llevaron recomendado por un veterinario: “Me tocó hacerle una andadera de cuatro ruedas. Lo impresionante fue que, al montarla, corrió directo hacia su mamá como si ya lo hubiera hecho antes. Fue una emoción indescriptible ese momento para todos los que estábamos ahí. Hace poco me trajeron la silla y la perrita porque ya no cabía y había que agrandarla”, señaló.

Titi es otro de los perritos que ha podido caminar otra vez, gracias a la andadera.
Sparki es otro perrito que, en el momento de su recuperación, tenía 14 años con cataratas, además de problemas en la cadera que le impedían caminar. “Me dice la dueña que después de 5 meses de usar la andadera, ya caminaba”, comentó.
Gabriele recuerda como un “caso especial” a Aarón, el perrito que vivía en una casa en la baja del Hospital de Acarigua-Araure y fue atropellado por una moto en la avenida las Lágrimas. “La dueña lo tenía porque no le quedaba otra opción pero siempre se le escapaba arrastrándose. La vez que me lo conseguí estaba en la acera tirado. Me lo llevé a la casa de una gran amiga. Entre los dos lo atendimos. Le hice su equipo de ruedas y estaba súper bien, pero la dueña de Aarón nos exigió que le regresáramos a su perro. Lo hicimos y se le explicó todo el procedimiento a seguir con él. Después de 15 días de entregárselo, el perro se perdió”.
Danna, una perrita de la calle, fue atropellada y tenía cáncer. Gabriele logró salvarla y después que estaba muy bien, fue dada en adopción a una señora de Payara. “Se le entregó y estuvo enviando fotos del estado de la perrita por mucho tiempo. De golpe, dejó de enviar fotos. Nos pusimos en contacto con un amigo que tenía allá y, para sorpresa nuestra, la señora se había ido a Colombia y dejó a Danna en el patio llevando sol y agua sin poder moverse, porque supuestamente había dejado encargada a la mamá de darle comida y estar pendiente de ella. El día que fuimos a rescatarla, murió en la mañana abandonada en el patio. Ese caso ya está en fiscalía”.
También recuperaron a Macho, que actualmente está en el refugio de la Fundación Arcoíris, y a Mía, rescatada de la calle por el empresario Adolfo Fernández (también le gusta rescatar perros de la calle), que se recuperó rápidamente de su pata lesionada.
Gabriele no lo hace por dinero, sino por el deseo de devolverles una vida normal a estos perritos.
Los materiales los adquiere gracias a las donaciones de su prima Gabriela Leopardi de Lopardo, el empresario Adolfo Fernández y la Dra. Xiomara Bellera de León.
Él, desprendido como es, les dice a los que necesitan una andadera para sus perritos que no tienen ningún costo, pero que si está en sus posibilidades económicas colaboren con material para futuros casos.
Infancia
“Toda mi infancia estuve aquí en Acarigua. Mi mamá murió de cáncer cuando yo tenía 7 años; éramos dos hermanos y mi papá. Estuvimos viviendo con los abuelos maternos junto con mi papá durante 3 años. Luego mi papá conoció a la que actualmente es su esposa, 3 años después de las muerte de mi mamá; de ese matrimonio están mis otros dos hermanos. En total, somos 3 varones y una hembra. Todos ellos viven actualmente en Italia yo soy el único que está por aquí en Venezuela”.
Los tres años que vivieron con su abuela tuvo mucho contacto con los primos y tíos maternos, y asegura haber vivido una infancia muy bonita, con su hermano, al que le une un vínculo muy fuerte.
Muy venezolano
Nos cuenta que hace 5 años le tocó salir de Venezuela por la situación difícil que se vivía con la agricultura.

Su pasión es volar, y a eso se dedica como piloto comercial agrícola.
“Me fui a trabajar con el hermano que me regaló la vida: el capitán Gaspar Enrique Loaiza, el popular ‘kike’. Nos ofrecieron volar en Argentina, salimos de Venezuela un 4 de diciembre del 2021 y regresamos el 7 de mayo del 2022. Es una experiencia que, como piloto, nunca pensé que viviría. Sin embargo, tuve la suerte que muy, pero muy pocos pilotos agrícolas han tenido, y es fumigar con aviones de turbina, gracias al capitán Mario Baldo y su hijo Santi, que me brindaron su confianza”, comentó.
—Fueron 6 meses de experiencias maravillosas. Me tocó aterrizar en dos oportunidades de noche. Una, porque ese día cambiaba el horario y oscureció una hora antes y, como todos los trabajos eran realmente lejos, empezó a oscurecer terminando de echar el veneno y, cuando llegué a la pista, ya era de noche. La segunda vez estábamos trabajando, anunciaban mal tiempo para el día siguiente y ya habíamos terminado el trabajo; llegué a la pista a las diez de la noche ¡Fue una súper experiencia esas dos ocasiones!
“Lo que más extrañé de Venezuela fue el plátano que en Córdoba, donde estábamos, no había ¡Eso sí de verdad lo extrañé muchísimo! Cuando llegué, lo primero que hice fue comerme un plato full de plátano con queso. Mi compañero y yo enseñamos a los argentinos a comer arepa y cachapa ¡Se volvían locos cuando preparamos eso!
El artesano
“Yo creo que es algo que nace de mi familia. Mi abuelo paterno que era carpintero y constructor en el pueblo de mi papá, en Italia. Se llamaba Diego y le decían en su dialecto ‘masterdica’ que significa maestro Diego. El hacía una hermosura en tallado de madera. Hasta hace como 15 años tuvimos un baúl pequeño hecho por él y tenía tallada en la tapa una rosa con sus iniciales. Entre las múltiples mudanzas de la familia se desapareció”, relató.
—A mi hermano también le gusta hacer artesanías. Ha hecho unas esculturas femeninas con arandelas de hierro espectaculares, entre otras cosas. Yo, entre la pasión de fabricar e inventar, también he realizado varias artesanías que, gracias a mi Diosito, le ha gustado a la gente. Mi talento es con los relojes. He creado piezas únicas, totalmente personalizadas y por encargo. Uso materiales variados: hierro, acrílico, madera, resina epóxica y PVC.
Nostalgia
Su papá se llama Pietrangelo Vinciguerra Colatruglio. Salió, como todos los inmigrantes italianos, después de la Segunda Guerra Mundial. Nació el 9 de febrero de 1933 y llegó a Venezuela en el año 1958 como constructor a Caracas, donde ya vivía su hermano. Después le ofrecieron un trabajo en San Carlos (Cojedes), donde fue a trabajar y un fin de semana unos amigos lo invitaron a Acarigua. Le gustó y decidió quedarse.
Después de unos años de estar en Acarigua, unos paisanos italianos le presentaron a Natalia Leopardi Leombruno. Se enamoraron y se casaron.
—De mi mamá recuerdo muy poco; pero lo que recuerdo me alcanza y sobra. Mi papá tenía una constructora e hizo varias obras aquí en Acarigua. Se le presentó la oportunidad de comprar unas tierras y ahí empezó como agricultor. Aprendí, guiado por él, que siempre me enseñó lo que era el trabajo y la honestidad. Llegamos a tener 35 perros. En el 2002 decidimos vender y que se fuera para Italia. Actualmente, tiene 93 años, vive en Latina y, lamentablemente, sufre de demencia senil, pero goza de buena salud.
En el 2011 trajo a su papá por 3 meses de vacaciones. Al estar aquí, le dijo: “No me fui de Venezuela: me sacaron de Venezuela”.
“Él ama a Venezuela. Quería quedarse aquí para siempre, pero la situación del país lo obligó a salir. Gracias a mi Diosito, por tocarme un papá así y si volviera a nacer, lo escogería a él nuevamente. Este año tuve la posibilidad de ir a verlo. Ya no me conocía. Yo solo era el muchacho que dormía en el apartamento”, expresó.
—Pero un día antes de venirme, mi Diosito me lo devolvió por 40 minutos ¡Se acordó de quién era yo y aproveché para darle las gracias por todo lo que soy!
(CNP 16.100)

