(AFP).- La administración Trump dejó clara su postura sobre el futuro político de Honduras. El secretario de Estado, Marco Rubio, recibió este lunes en Washington al presidente electo Nasry Asfura.
Este encuentro formaliza el reconocimiento de Estados Unidos a su victoria frente a las denuncias de fraude del oficialismo y la derecha disidente.
En la sede del Departamento de Estado, Rubio y Asfura abordaron los pilares que definirán la relación bilateral a partir del 27 de enero. Entre ellos, el combate al crimen transnacional, el control de la inmigración ilegal y la situación política en Venezuela.
Este último punto refuerza la alineación de Asfura con el eje de presión de Washington en la región, alejándose de la postura mantenida por el gobierno saliente de Xiomara Castro.
La reunión, cerrada a la prensa, ocurre en un momento de máxima tensión. Asfura fue proclamado ganador de los comicios del 30 de noviembre por un margen de menos de un punto porcentual, en un proceso marcado por el apoyo explícito de Donald Trump durante la campaña.
Mientras Asfura era recibido con honores en Washington, en Honduras la crisis institucional se profundiza.
El gobierno de Xiomara Castro promulgó un decreto para forzar el escrutinio del 100% de las actas, alegando que los resultados están “viciados de nulidad” por la injerencia estadounidense.
Sin embargo, el Consejo Nacional Electoral (CNE) calificó el lunes estas directrices de “inconstitucionales e ilegales”, blindando la proclamación de Asfura.
Castro ha intentado elevar el reclamo directamente a Donald Trump, solicitando una audiencia para discutir lo que considera una vulneración de la soberanía hondureña.
Hasta ahora, la Casa Blanca ha respondido con silencio administrativo a la mandataria izquierdista.
La tensión se ve alimentada por el reciente indulto de Donald Trump al expresidente Juan Orlando Hernández, quien cumplía condena por narcotráfico en Estados Unidos.
Castro rechaza el perdón al líder del Partido Nacional, mientras que Trump ha justificado la medida calificando el caso como un “montaje”.
Este indulto ha sido leído en Honduras como una señal de impunidad para la cúpula que regresa al poder de la mano de Asfura, consolidando una alianza que Washington considera estratégica para la estabilidad regional.

