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Agustín Gonçalves: “El arte es algo que trasciende la propia expresión de género individual”

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Escrito por Beatriz Quintana

 

Caracas.- La escuela, en Araure, fue el primer escenario donde Agustín Orlando Gonçalves Arroyo, dio sus primeros pasos de baile, y hoy es parte de la primera compañía de danza en Venezuela, el Ballet Teresa Carreño, reconocida por su calidad en ballet clásico y contemporáneo, y que celebra su 45 aniversario fortaleciendo la formación de nuevos talentos.

Su figura, rostro, elegancia y entrega, hacen recordar al bailarín ruso Rudolf Nuréyev (1938-1993). Si visitan su Instagram (@Agustingoncalves) y leen el feed de sus fabulosas fotografías y videos, descubrirán allí datos sobre la puesta en escena, los compositores y el vestuario, porque hablar de la danza, le inspira.

El araureño Agustín Goçalves, es parte de la Compañía de danza, Ballet Teresa Carreño, de Caracas.

En cada personaje que le toca asumir, Agustín investiga, no solo el “performance” de los más afamados bailarines clásicos del mundo, sino la historia, la cultura del país y la época de la obra.

Andrei Mercuriev, fue su modelo a seguir, cuando personificó a Espada, en “Don Quijote”, y se involucró de tal modo, que personalmente se encargó de la creación de los alamares y rosetones que adorarían su traje de torero. Así es de creativo.

Cada corrección de sus maestros como: “salta más alto” o “mantén la postura”, le hacen sentir que está en el camino correcto, que su vida tiene sentido y que podrá transmitirle al público toda esa pasión por el baile.

Gonçalves tiene apenas 23 años y se graduó de arquitecto hace 2. Comparte su destreza en el diseño y sus habilidades manuales con el ballet, demostrando que si realmente lo deseas se puede vivir del arte.

Aquí protagonizando “El Cascanueces”.

“Sí se puede. En Venezuela es un poco complejo. Como bailarín, primero hay que lograr entrar a una compañía y, a su vez, hay que llevar a cabo trabajos externos bailando en varias ciudades, dando clases o ejerciendo algún otro trabajo que permita vivir cómodamente. En otros países existen otras realidades más amables”, expresó.

Agregó que hay un enorme movimiento dancístico y muchísimo talento. “Esto es hermoso. En nuestro país hay maestros increíbles, sembrados en diversas zonas de Venezuela. En Acarigua-Araure he visto un trabajo maravilloso”.

El arte es integrador, universal y extemporáneo, pero aún existe el tabú sobre los hombres que se dedican al ballet.

“Si lo hay, sobre todo acá en Venezuela, hay mucho desconocimiento aún de la danza clásica. Les sorprendería saber que en el ballet, para poder interpretar los diferentes papeles, se requiere, por lo general, de mucha masculinidad. Pero más allá de eso, el arte es algo que trasciende la propia expresión de género individual.

El arte en las venas

Los pueblos tienen la magia de hacer que su gente sea amena, se conozcan entre todos, y eso hace que se cultiven los talentos y se viva una vida feliz. Así asegura que fue su niñez hermosa y “desde pequeño estuve inmerso en el mundo del arte, estudié música y teatro”.

Nació en Araure. Su papá Agustin Orlando Gonçalves y su mamá María Elena Arroyo, son muy aficionados a la música.

-Mis primeros pasos en el baile fueron en los actos culturales del colegio. Algunos años después unos amigos de mi familia abrieron un centro donde pude acercarme al tango y el capoeira. Así confimé que lo que quería era bailar. Tuve oposición solo al principio, porque mi familia siempre amó el arte, mi papá es muy musical y mi abuelo materno amaba la música clásica. Siento que más allá de ser bailarín, les preocupaba cómo podría mantenerme económicamente en nuestro país.

Se graduó de arquitecto cuando tenía 21 años, y cuenta que llevar ambas carreras fue un reto que le demandó organización y foco.

Estudió ballet y arquitectura, paralelamente, y ha logrado ser exitoso en ambas profesiones.

-Sabía que no podía faltar al ballet porque es mi motor, pero también me quería graduar, pues la arquitectura es una carrera por la que siento un gran amor y que sé, que siempre me acompañará.

Actualmente, vive y trabaja en Caracas, en la Compañía de Ballet Teresa Carreño, y ejerce la arquitectura de manera independiente, llevando pequeños proyectos que le den flexibilidad en el tiempo.

Bailar, diseñar, escribir, son algunas de sus pasiones.

Además, le encanta escribir: “Para mí, es algo muy terapéutico y personal. Muy poco de lo que escribo lo comparto. Si me siento triste o tengo algún problema, es una forma de drenar mi mente y aliviar el corazón. Es una conversación conmigo mismo”, confesó.

Vivir del arte

Su nacimiento como bailarín clásico fue en la Escuela Superior de Danza Cristina Gutiérrez, en Valencia.

En sus inicios le guiaron, ademas de Gutiérrez, Adriana Palacios e Ysfer Román, a quienes agradece profundamente todo lo que sabe. A lo largo del camino también estuvieron maestros maravillosos como: Ricardo Rodríguez, Kevin Sandoval y Bryan Barrios.

Su formación ha sido clásica con aproximaciones a otros géneros como el flamenco, la danza contemporánea y el jazz; experiencias que —afirma— le han sumado mucho y sobre todo le han dado mucha alegría.

“El mundo de las tablas es maravilloso, mágico. Se trabaja mucho para lograr momentos especiales para el público, momentos a veces pequeños que solo perduran en la memoria del público, en las fotos o en los videos. Uno se rodea de gente que tiene visiones diversas del mundo y es un espacio donde confluyen muchísimas ramas del arte para lograr esos instantes desde que se abre el telón hasta que se cierra”, señaló el bailarín.

Es un mundo competitivo —dijo—, pero donde relucen las particularidades y el alma de cada artista. Cada quien tiene un espacio. Se vive con mucha pasión y compromiso.

La vida en escena

En escena me siento muy vivo, siento que todo el trabajo de años cobra sentido, siento una relación con el público que disfruto muchísimo en ese momento que estamos compartiendo. He sentido muchísimas cosas mientras bailo: alegría, euforia, tristeza, dolor, rabia, miedo, seguridad; lo importante es que siempre siento algo”, añadió.

Algunas veces he tenido la oportunidad de ser solo Agustín y eso me encanta, pero cuando interpreto un personaje trato de convertirme en él, y de que en ese momento seamos uno solo. Busco entender qué siente, qué ha experimentado, de dónde es, de qué época, cuál es su rol en su contexto. Igual siempre apuesto al alma del personaje, los sentimientos y emociones. Ahí es donde yo creo que coincidimos todos los seres humanos y eso lo trato de entender desde mi propia experiencia humana.

Tuvo la oportunidad de formar parte del proceso de creación de su vestuario de Espada y de muchos otros.

“En esa obra fue un trabajo muy artesanal y eso me fascina. El diseño de vestuario y su confección me parecen un mundo fascinante. Tuve la suerte, en mi escuela, de apoyar a mi querida maestra Cristina Gutiérrez en la creación de nuevas versiones de ballets completos, abarcando la investigación comparativa de las versiones de los diferentes teatros del mundo, sus conceptos, sus coreografías, vestuarios y demás elementos artísticos de la puesta en escena. Eso me dio la posibilidad de tener una visión más amplia de los espectáculos y de las prioridades de una productora, como ella”, explicó.

Participó en la creación del traje con el que bailó en “Don Quijote”.

El futuro

Pretendo alcanzar un nivel técnico e interpretativo elevado, eso es lo que sueño y me he propuesto alcanzar, porque mi mayor ambición como bailarín es ser ese capaz de interpretar cualquier rol principal dentro del repertorio clásico y neoclásico, perfeccionando mis condiciones para que las oportunidades dentro y fuera del país, sean cada vez mayores.  (CNP 16.100)

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Beatriz Quintana

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