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Carmina Lombano de Rangel: Una vida dedicada a la educación, la filantropía y la fe católica

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Escrito por Beatriz Quintana

 

Acarigua.- El servicio a los demás es una de las tantas manifestaciones del amor al prójimo. Se manifiesta a través de la empatía y la decisión de ser generosos, brindando aquello que también nos gustaría recibir en una situación particular, que puede presentarse en cualquier etapa de la vida.

Este especial de _Nuestra Gente_ está dedicado a Carmina Lombano de Rangel, reconocida como una de las educadoras de mayor relevancia en Acarigua-Araure, con amplia trayectoria en labores que involucran el bienestar de los más necesitados, empezando por muchas generaciones de alumnos de la Escuela Técnica Industrial, en la Universidad J.J Montilla; su labor social en barrios y hospitales desde la coordinación de Cáritas y el apostolado que hoy realiza en Emaús.

El equipo diocesano nacional e internacional de Cáritas.

De niña fue triste, solitaria, con mucha escasez económica. Para comenzar a trabajar lo más pronto posible estudió y se graduó (1973) en la Escuela Técnica Industrial de Acarigua (ETI). Inmediatamente comenzó a hacer suplencias en las escuelas. Fue siempre una excelente estudiante y logró una beca Gran Mariscal de Ayacucho, para estudios superiores.

“No contaba con dinero, pero me sobraban ganas. El amor de Dios derramado a mi favor a través del apoyo de familiares, compañeros de estudio, madres de esos compañeros y profesores, me permitieron dar mis primeros pasos en la universidad”, recuerda agradecida.

En el año 1980 se graduó como profesora de educación media, con especialidad en Educación Industrial, mención: máquinas-herramientas. También es magíster en Educación, mención Investigación Educacional (1992).

Desde el año 1979 hasta el 2005 ocupó cargos directivos en la Escuela Industrial Simón Bolívar, y se desempeñó como docente jefe de taller y jubilada en 2005.

En sus años como docente en Escuela Técnica Industrial Simón Bolívar de Acarigua.

Fue profesora en la Universidad J.J. Montilla desde el año 1998, en el área de ingeniería informática y mantenimiento, llevando a cabo proyectos sociointegradores en el hospital, instituciones educativas, Centro de Bellas Artes Pablo Herrera Campíns, centros maternales, entre otros, proporcionando soluciones y alegrías.

Fue, además, coordinadora de maestría de Gerencia Educativa en la Universidad Fermín Toro. En 2007 fue nombrada coordinadora general de la Pastoral Social Cáritas de la Diócesis Acarigua-Araure y luego su directora, hasta el 2023.

Ha recibido la Orden Francisco de la Hoz Berrío, única clase; Orden Ciudad de Acarigua, única clase, y de Fedecámaras, reconocimiento por el trabajo social realizado en Cáritas.

La directiva de Fedecamaras ha sabido valorar sus conocimientos.

Actualmente se dedica a su emprendimiento como masajista terapéutica “Carmipaz” y colabora en los programas: Formación Integral de la mujer como Agente de Cambio en su Familia y Comunidades. (ANSPAC), de emprendedores de la Fundación Empresas Polar y es miembro activo de la hermandad Emaús, en la iglesia Santa Eduviges.

Ella ha creído y puesto en práctica a lo largo de su vida, un pensamiento noble: Fuiste creada para caminar con Dios, sanar y vivir con propósito”.

Constancia

Nació en Acarigua, el 12 de octubre de 1957, y cuenta que en su niñez era poco comunicativa triste y solitaria, a pesar de ser parte de una familia de 6 hermanos.

“Me casé a los 27 años con un hombre maravilloso, Iván Rangel, me amó, respetó y apoyó. Fue mi esposo, amigo y colega ¡Le echaban broma porque cuando me hice directora de la escuela técnica me convertí en su jefe! Los amigos se reían y le decían: ‘Tu mujer te manda en la casa y en el trabajo’. Pero, la verdad es que era mi principal pilar en lo personal y profesional, Viví con mi esposo 21 años, hasta que la muerte nos separó”, expresó con amor.

De ese matrimonio nacieron Iván Illich y Carmen María; también, creció con ellos su sobrina Yelisbeth, como una hija más. Todos profesionales.

Carmina junto a su esposo e hijos.

-Desde niña estudiar fue mi pasión. La escuela y el liceo fueron para mí el sitio de luz, alegrías, amor, amistad y reconocimientos. Mi deseo de aprender, mi constancia y perseverancia en mis estudios me convirtieron en estudiante sobresaliente. Hice mi primaria en la Escuela “Ciudad de Acarigua”. Siempre recuerdo a mis maestras que, por ser la más pequeña, tener buen comportamiento y ser aplicada con mis tareas, eran muy cariñosas, me felicitaban constantemente y me cuidaban mucho, recordó.

Comenzó la secundaria en el Liceo José Antonio Páez, pero después de oír una charla de profesores de la Escuela Técnica Industrial Acarigua, donde ofrecían formación para trabajo inmediato, decidió continuar estudios en la Escuela Técnica Industrial de Acarigua; allí se graduó en el año 1973

Quien tiene sueños y quiere crecer en la vida siempre tendrá a su lado personas que le ayuden. Carmina quería ir a la universidad, no tenía recursos económicos para salir, pero un padrino con residencia en Barquisimeto le ofreció su casa, mientras estudiaba en el pedagógico. Además, fue merecedora de la beca “Gran Mariscal de Ayacucho” y entró al programa social de ayudantías y preparadurías de la universidad. Fue asistente de la profesora de cálculo.

“Mi experiencia como estudiante ha sido lo máximo. El amor en el servicio educativo de mis maestros y profesores, me inspiraron a ser educadora con valores, espíritu de lucha y ética”, afirmó.

Amor por la ETI

¡A Carmina, cuando habla de la Escuela Técnica Industrial Simón Bolívar, se le siente la emoción en la voz! Vivió momentos intensos en sus pasillos, entre sus alumnos y su aulas. Una escuela por la que pasaron muchos empresarios de hoy y de la que quiere hablar constantemente.

Ella, desde el año 1979 hasta el 2005, se desempeñó como profesora, jefe de taller, subdirectora y directora.

Compartir reciente con egresados de la ETI año 1985.

-Me mantengo en comunicación personal con colegas y exalumnos, como parte de la familia “etiana”. Algunos, hemos hecho presencia en la Escuela Técnica Simón Bolívar para apoyar las gestiones y reclamos por el rescate del plantel, casa de estudio formadora de profesionales brillantes, pero que hoy está destruída por el vandalismo y abandono de quienes deberían ocuparse de mantenerlas.

“La educación actual, en mi opinión, se encuentra en estado de emergencia, débil, desnutrida, desorientada y desasistida. Urge una reestructuración del diseño curricular, sueldos y salarios dignos para los trabajadores, rehabilitación y dotación de los planteles, especialmente, las escuelas técnicas formadoras de profesionales a nivel medio, capaces de motorizar el desarrollo del sector productivo. Igual, las universidades deben articular su diseño curricular con las realidades y necesidades del entorno. Considero que es prioridad independizar la educación, de cualquier otro elemento diferente a lo académico”, aseguró.

A lo largo de su trayectoria como docente de aula y talleres, tuvo el honor de formar a una generación de profesionales que hoy lideran el sector agroindustrial del país.

Ver a sus antiguos alumnos convertidos en dueños de empresas y pilares del desarrollo industrial, es el mayor testimonio de su compromiso con la excelencia académica.

-El corazón del progreso agroindustrial late en nuestras escuelas técnicas, no son solo aulas, sino el semillero de nuestra industria. Por eso, debemos rehabilitarlas, equiparlas y protegerlas con el celo que se le dedica a un tesoro, pues de ellas depende el desarrollo que soñamos, dijo categórica.

“En mi rol de directora de la ETI me esmeré en buscar alianzas pedagógicas y socio productivas. Se recibían pasantes de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador y desarrollo de proyectos socio-integradores de la Universidad Politécnica Territorial del Estado Portuguesa “Juan de Jesús Montilla”. Además, se habilitaban los salones y talleres en fines de semana para que recibieran clases los alumnos de la Universidad Nacional Abierta y el Instituto Universitario de Mejoramiento Profesional del Magisterio.

La profesora Lombano, relató otro momento impactante para toda la “comunidad etiana”, cuando en 1996 se firmó un convenio con la Gobernación del estado para el acondicionamiento escolar. En enero de 1997 recibieron los primeros 1.500 pupitres para dotar centros educativos de la región, un proyecto que continuó activo por más de 10 años.

Entre sus vivencias inolvidables destacó su participación en el XV Curso Subregional para la Formación de Gerentes de Educación Técnica Profesional en países de Región Andina, que se realizó en Cartagena, Colombia, en el 2002.

Allí —comentó— pude conocer, compartir, aprender y estructurar nuevos propósitos y estrategias para optimizar la gerencia en educación técnica ¡Regresé a mi ETI repotenciada, ilusionada, dispuesta a asumir grandes retos!

Su experiencia como pedagoga se extendió a las aulas universitarias en 1998, cuando fue contratada en la UPTP. J.J. Montilla como profesora en el área de ingeniería informática y mantenimiento, en asignaturas como Metodología de la Investigación y proyectos sociointegradores.

También fue contratada como docente promotora del Consejo Moral Republicano en Portuguesa, para el desarrollo del programa de Formación Ciudadana, entre los años 2012 y 2016.

Su misión en Cáritas

“Una vez jubilada en el 2005, comienzo a dedicar más tiempo a mi espiritualidad. Un día estando en misa solemne, en la catedral Nuestra Señora de la Corteza, el presbítero Wilfredo León pasó por un lado y me dijo: ‘Tenemos que hablar'”, expresó.

Coordinando El arepazo, en el hospital de Acarigua-Araure.

Ella dice que sintió el llamado de Dios a través de la voz del padre Wilfredo, algo impactante. Pocos días después, él la invitó a formar parte de la pastoral social Cáritas.

“Yo conocía y admiraba al padre León, quien frecuentaba el plantel para dar orientaciones religiosas y vocacionales a los alumnos de la ETI. Es más, tenemos sacerdotes que egresaron de allí: Pedro Loyo, Ángel Castillo y José Alberto Rodríguez”, agregó.

En el 2007 fue nombrada coordinadora general de la Pastoral Social Cáritas de la Diócesis Acarigua-Araure y luego directora hasta el 2023. Durante ese tiempo, la acción social de la iglesia católica se hizo presente en las comunidades más vulnerables, hospitales, IVSS y centros de privados de libertad, llevando la palabra de Dios y ayudas concretas en alimentos, consultas médicas, medicamentos, ropa, formación en oficios laborales, ambiente y dignidad humana.

“Uno de los primeros proyectos diocesanos fue el Plan Médico Diocesano, liderado por dos ‘robles’: Fanny Quintero e Isabel Ojeda. En todos nuestros proyectos trabajamos mancomunados el equipo diocesano y los equipos parroquiales. En el 2015, bajo la asesoría del Pbro. Edgar Camargo —cuando la escasez de alimentos y medicinas se hizo crítica— tomamos la decisión de crear programas de ayuda alimentaria, medicinas y acompañamiento fraterno; llamados ‘El Arepazo’ y ‘Ollas Comunitarias'”, añadió.

Cáritas hizo alianzas con otras instituciones del área de la salud para llevar consultas y jornadas médicas diocesanas: el Hospital Jesús María Casal Ramos, el Departamento
de Post-grado en Pediatría del IVSS José Gregorio Hernández Acarigua, y la Sociedad
Venezolana de Puericultura y Pediatría Portuguesa.

“Recuerdo que hubo un momento en el que la directora del hospital prohibió ‘El Arepazo’. Sin embargo, continuamos las visitas y repartíamos las arepas a los familiares de los enfermos desde afuera. Durante la pandemia, nos mantuvimos al servicio de los más vulnerables con los programas de nutrición de los niños y entrega de medicamentos. Gracias a Dios y a las normas de bioseguridad, no hubo contagio de las servidoras durante las jornadas”, expresó.

Jubilada pero activa

Ella alimenta a diario su espiritualidad con oraciones —nos cuenta—, visita a sus familiares, asiste a las reuniones en la hermandad de Emaús Santa Eduviges, da charlas con temas de superación de la mujer y juega con su nieta.

“Mientras estamos vivos, Dios nos da tareas que hacer. Después de jubilada en el 2005, continué contratada en el Instituto Tecnológico y me ofrecieron trabajo de coordinadora de maestría en gerencia educativa en la Universidad Fermín Toro por dos años. Continué mi trabajo social en la iglesia católica con mucha fe y ganas de servirle a Dios y al prójimo. Mantengo actitud positiva, queriendo aprender para seguir siendo útil y Dios pone en mi camino las oportunidades”.

Carmina, que nunca deja de estudiar, en los últimos años se ha dedicado a las terapias naturales, aprendiendo reflexología y masaje terapéutico.

Se dedica actualmente a ofrecer masajes terapéutico y salud natural.

Carmina Lombano tiene aún mucho que dar a la sociedad portugueseña y nos participó que planea seguir de la mano de Dios, disfrutando de su familia, “sobre todo de mis nietos. También quiero seguir en el servicio socioeducativo, continuar mi formación como emprendedora en la Fundación Empresas Polar y seguir capacitándome para ampliar los servicios de mi emprendimiento Calmipaz, Terapias Naturales”. (CNP 16.100)

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