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Detrás del diamante: Néstor Corredor Cárdenas, el portugueseño que forja campeones en el mejor béisbol

Acarigua.- En el mundo del béisbol, donde los reflectores suelen buscar la majestuosidad de un jonrón o la magia de una atrapada imposible, hay quienes hacen historia sin aparecer constantemente en los titulares. Néstor Corredor Cárdenas es uno de ellos. Su nombre no siempre estará en la primera plana, pero su influencia se siente en cada swing, en cada lanzamiento y en cada estrategia que los jugadores ejecutan en el diamante. Porque detrás de un campeonato conquistado hay más que talento: hay dedicación, estrategia, paciencia y una capacidad infinita de guiar a otros a sacar lo mejor de sí.

Corredor ha pasado más tiempo enseñando, analizando y construyendo jugadores que coleccionando estadísticas en un line up. Su trabajo como formador ha dejado una huella especial en los catchers, esos guardianes silenciosos del juego.

Néstor Corredor Cárdenas junto a su esposa y sus hijos

Hoy, si un receptor en Grandes Ligas sabe manejar un pitcheo o leer una situación compleja, probablemente sea gracias a Néstor. Su carrera como estratega y mentor ha dejado marcas profundas.

Este 23 de marzo de 2026, Néstor celebró 25 años en la organización de los Cerveceros de Milwaukee, el primer equipo que lo vio dar sus primeros pasos en Grandes Ligas. Es un pelotero de franquicia en el sentido más puro: alguien que entrega su vida a un uniforme con humildad y responsabilidad. Sin embargo, más allá de sus logros en Estados Unidos, su corazón es Venezuela. En el Clásico Mundial de Béisbol 2026, como coach, ayudó a la selección nacional a conquistar un título que quedará grabado en la memoria de todos los venezolanos.

Nació en San Carlos, Cojedes, hijo de Milagros Cárdenas y Néstor Corredor (empresarios metalúrgicos), el único varón de cinco hermanos. Aunque eran de La Fundación Mendoza, se fueron allá por el embarazo complicado de su madre, pero a los ocho días de nacido ya estaba en Acarigua-Araure, donde pasó su niñez y adolescencia hasta que emigró persiguiendo el sueño de llegar al Big Show.

Su primer terreno de juego no fue un diamante, sino una cancha de fútbol, deporte que practicaba su padre. A los cuatro años comenzó a jugar béisbol con los Criollitos de Venezuela, en la Escuela de Béisbol Menor del estadio Julio Hernández Molina, bajo la tutela de Ciro Ramos, un entrenador con un ojo clínico para descubrir el talento.

El equipo de Magallanes, con el que jugó béisbol menor

Ramos predijo que Néstor sería un gran catcher, y no se equivocó. Jugó todas las categorías en esa posición y a los 17 años firmó con los Cerveceros de Milwaukee y con el Pastora de los Llanos en la LVBP.

Su formación continuó en el Colegio de Profesionales de Araure y en Roseliano Pérez de Baraure, mientras su familia y otras de la comunidad crearon un equipo llamado Magallanes, que creció hasta tener todas las categorías federadas. La vida de Néstor y de su familia giraba alrededor del béisbol.

La familia Corredor Cárdenas: Papá, mamá, hijos y nietos.

“Tuve una infancia maravillosa con mis papás, mis hermanas: Neydi, Marielis, Betzabeth y Hayde, y tíos y primos, donde todo estaba basado en estudio y deportes”, recordó este marzo desde el Spring Training, previo a la temporada 2026 de la Gran Carpa. “Mis padres me dieron todo, siempre promoviendo que estudiara, que me ganara las cosas. Me encantaba la escuela y soñaba con ser abogado o estudiar Ciencias Políticas”.

De ingeniería al béisbol

Nestor vivió en La Fundación Mendoza, la avenida Circunvalación y en Los Molinos. “Quería estudiar derecho o ciencias políticas”, recuerda.

Tras graduarse de la Escuela Técnica Industrial Simón Bolívar de Acarigua, con honores, su madre Milagros cuenta que Néstor fue asignado para estudiar Ingeniería Industrial en la UCLA, pero decidió probar suerte en el béisbol.

“Nos dijo: mamá, papá, déjenme ir, y si no sirvo, regreso”.

Fue el legendario Epifanio Guerrero, scout dominicano y pionero en el desarrollo de academias de béisbol, quien lo ayudó a firmar con los Cerveceros. También contó con la mentoría de Rómulo “Guayoyo” Martínez, que lo apoyó en sus primeros pasos hacia el béisbol profesional.

Néstor Corredor firmando su contrato Cerveceros de Milwaukee

Durante ese primer viaje a República Dominicana, conoció a Johana Rodríguez, quien sería su esposa y madre de sus dos hijos, Julio César y Matthew.

“Allí, todo comenzó a coger forma en el béisbol, y formando una nueva familia. Mi familia es fundamental, tanto mis padres y mis hermanas, como mi esposa y mis hijos. Desde que conocí a mi esposa ha sido mi bastón, mi soporte y gran compañera. Johanna es una madre excelente y cumple funciones de padres cuando yo estoy en mi temporada. Ellos son mi motivación”, expresó.

Comienzos como coach

En la LVBP jugó entre 2003 y 2008, primero con Pastora de los Llanos y luego con los Bravos de Margarita. A los 25 años decidió retirarse y comenzar como coach. “No hubo más chance de jugar, así que tomé la decisión de ser coach. Me fui a República Dominicana a iniciar un programa, y en 2009 recibí la llamada de Milwaukee para trabajar con ellos”.

Un mural con su rostro en las ligas menores

Durante once años formó parte de las ligas menores, incluyendo la DSL, Arizona League, Rookie, Pioneer League y Rockie Mountain Vibes.

“Fue una década de aprendizaje”, recuerda, agradeciendo a Eduardo Brizuela, su jefe en aquel entonces, y a Mike Guerrero, manager de Milwaukee e hijo de Epifanio, quienes marcaron su camino.

Afirma que del béisbol se disfruta todo. Es lo que ha hecho el 90 % de su vida. “Como jugador, ser catcher fue mi pasión. Yo no disfrutaba de batear, me gustaba más la defensa. Como coach o manager, amo enseñar, compartir, ser estratégico. Me apasiona el análisis, la estructura, crear un proyecto y hacerle creer a esos muchachos que lo que tú estás diciendo funciona”.

Llamado el equipo grande

En 2020, en plena pandemia, se integró al staff de Grandes Ligas de los Cerveceros. Su vínculo con la LVBP también fue valioso. En 2014 fue coach de primera de los Tiburones de La Guaira y, años después, asumió como manager de las Águilas del Zulia, un día antes del inicio de la temporada 2023-2024.

“Fue un comienzo difícil, no conocía la dinámica, pero terminé la temporada perdiendo el pase a playoffs en el último juego, y eso marcó un antes y un después en mi vida”.

Con la selección nacional, Néstor se convirtió en pieza clave del manager Omar López. En 2024 participó en la WBSC Premier 12, donde Venezuela clasificó a la siguiente ronda en Japón. En 2025 fue designado como manager para la Copa América, aunque el torneo no se jugó. Para él, vestir el uniforme de Venezuela siempre es un orgullo.

Con parte del equipo de la selección venezolana del Clásico Mundial de Béisbol 2026

El sueño más grande llegó en 2026, durante el Clásico Mundial. “Aún no me lo creo”, confesó.

“La meta era darle esa alegría a los fanáticos y al país que tanto necesita buenas noticias. Salimos a cumplir un sueño, y lo logramos: hoy somos campeones mundiales”. Para Néstor, aquel 17 de marzo fue el día más importante de su vida. “Ser campeón del Clásico Mundial y darle esa alegría a mi país es indescriptible. No creo que haya otro momento que supere esa felicidad”.

A pesar de la gloria internacional, Néstor mantiene sus raíces. Extraña Acarigua-Araure, el estadio Julio Hernández Molina y a la gente que lo vio crecer.

Aunque su vida gira en torno al béisbol, es fanático del Barcelona, especialmente de Lionel Messi, así que disfruta de sentarse a ver los partidos y beber un buen café. Su refugio es su familia.

“Cuando termina la temporada, trato de estar en casa lo más posible, ser un padre presente, involucrado en la vida de mis hijos. La temporada absorbe, son siete meses, pero el tiempo en familia es invaluable”.

Para él, el legado no está en los aplausos, sino en el ejemplo. “No me considero un modelo, pero quiero ser referencia de que los sueños se cumplen. Que trabajando duro, siendo disciplinado y dando lo mejor de uno, es posible alcanzar metas. Mucha gente confunde suerte con trabajo. Yo creo en el esfuerzo, la constancia y en nunca dejar de soñar. Desde abril del año pasado soñaba con ser campeón del Clásico Mundial, y se cumplió”.

Su recompensa está en el éxito de los jugadores que forma, en la construcción silenciosa, peldaño por peldaño, con pasión y constancia. Esa misma pasión lo mantiene vinculado al diamante, en el mejor béisbol del mundo, soñando aún más: ganar una Serie Mundial con los Cerveceros y seguir dejando huella, tanto en el deporte como en la vida de quienes lo rodean. (CNP 25.482)

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Mariangel Moro Colmenárez

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