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Familiares de guanareño trasladado de EE. UU. a cárcel de El Salvador: “Es como si se lo hubiese tragado la tierra”

Acarigua.- Casi 20 días cumple la familia de José Gregorio Justo García, sin saber de él. El joven —oriundo de Guanare— es uno de 237 migrantes venezolanos traslado por el gobierno de Estados Unidos al Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) en El Salvador, la cárcel de máxima seguridad creada por el presidente Nayib Bukele, para los pandilleros de ese país y que ahora también alberga a inmigrantes.

José Gregorio Justo fue traslado a la cárcel de máxima seguridad de El Salvador

A través de redes sociales, su hermana Francelys y sus padres, han intentado viralizar su caso, como muchas otras familias venezolanas, para conseguir la repatriación de los trasladados a El Salvador, sobre todo de José Gregorio, que un día después del traslado a El Salvador, cumplía un mes de haber sido operado, por lo que se encontraba en proceso de recuperación.

José Gregorio Justo, tiene apenas 22 años. Nació el 27 de octubre de 2002, en Guanare, y es el último de seis hermanos que se criaron en el barrio Bello Monte, en la capital portugueseña.

A pesar de tener una condición, por una fractura de fémur que no fue tratada a tiempo, en abril de 2024, el joven sorteó los desafíos de atravesar la ruta migratoria de la peligrosa Selva del Darién y todo Centroamérica, para llegar a Estados Unidos, donde lo esperaba su hermana Francelys.

Logró radicarse en San Antonio, Texas, donde trabajó en el área de construcción.

“En abril del año pasado llegó a Estados Unidos, pudo pasar y estuvo trabajando en construcción, limpiado y pintado casas o lo que saliera, pero fue detenido el día de su cumpleaños, en octubre, porque estaba manejando y en el carro había una botella de licor”, contó Francelys a Portuguesa Reporta.

Desde entonces, José Gregorio tenía 5 meses detenido, pero mantenía comunicación con su hermana. Tenía fijada una audiencia para el 27 de marzo, para fijar una fianza, pero fue enviado 10 días antes al Cecot.

“El sábado, 15 de marzo, nos llamó y me dijo que lo iban a deportar a Venezuela, y que lo habían hecho firmar unos papeles. Fue la última vez que hablé con él. Cuando informaron de los traslados a El Salvador, a los dos días, busqué en la lista de las noticias y aparecía su nombre. Desde allí, no sabemos más nada, es como si se lo hubiese ‘tragado’ la tierra”, afirma la hermana.

“No tuvieron compasión”

El martes, 18 de marzo, José Gregorio cumpliría un mes de haber sido operado. Le instalaron una prótesis, porque tenía dificultad para caminar.

“Esa ayuda se consiguió aquí y el médico había dicho que su recuperación sería lenta, porque incluso tenía una sonda y esa lesión era del 2018 que, de adolescente, se cayó de un árbol y se partió el fémur. Como estaban las cosas en Venezuela, no se pudo hacer nada allá y quedó chueco”, contó la familiar.

-No tuvieron compasión de que estaba convaleciente y así lo trasladaron a esa cárcel, en otro país, donde no sabemos cómo está y cuál es su condición actual por su operación. Por ello, exponemos el caso y pedimos que sea deportado a Venezuela, donde lo va a recibir su familia, dijo.

La familia de José Gregorio asegura que el joven no pertenece a ningún grupo criminal, como el gobierno de Donald Trump ha catalogado a los traslados a El Salvador, muchos de ellos por estar tatuados.

José Gregorio tiene tatuajes, pero esto “no lo define”. Así lo expresan sus padres, incluso, en los escritos de pancartas que han posteado en redes sociales para exigir por la libertad de su hijo.

Su segundo intento como inmigrante

Estados Unidos fue la segunda oportunidad como inmigrante que José Gregorio tomó. En el 2019, el muchacho probó suerte en Ecuador y apenas cuando cumplió la mayoría de edad, se marchó de Venezuela por la razón que todos se van. No tenía trabajo, no veía futuro.

“En Ecuador no le fue muy bien y hasta estuvo en situación de calle. Así que retornó, estuvo en Venezuela paleando camiones y luego, desde el 2022, trabajó en una panadería, pero yo tuve que migrar porque también se puso fuerte la situación para mí. En ese momento no me lo pude traer a Estados Unidos, pero él después llegó y mira todo lo que está viviendo ahora”, detalló Francelys. (CNP 25.482).

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Mariangel Moro Colmenárez

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