La ciencia médica identifica actualmente a la microbiota como un actor protagónico en el éxito de la reproducción humana.
El equilibrio de los microorganismos que habitan el cuerpo femenino regula procesos esenciales que van desde la maduración folicular hasta el mantenimiento de la gestación.
Cuando la microbiota intestinal pierde su armonía, se producen alteraciones en la secreción de estrógenos y gonadotropinas, moléculas fundamentales para la preparación del útero.
Este fenómeno crea un entorno inflamatorio que dificulta la comunicación entre el sistema endocrino y el aparato reproductor, comprometiendo la capacidad de concebir.
Microbiota, gran aliado de la mujer
En el ámbito de la fertilidad, los escenarios clínicos revelan la importancia de la salud vaginal y endometrial.
La presencia dominante de lactobacillus actúa como un escudo protector; su disminución permite el avance de bacterias proinflamatorias que obstaculizan el anclaje del embrión.
Casos de endometritis crónica y abortos de repetición suelen hallar su origen en estas disbiosis microbianas.
Por esta razón, reseña Europa Press, la medicina reproductiva moderna incorpora biopsias y estudios específicos de la flora endometrial para identificar focos de inflamación que impiden la continuidad del embarazo, incluso en procedimientos de reproducción asistida.
La evolución de este ecosistema inicia desde la etapa uterina y se consolida durante los primeros mil días de vida, periodo influenciado por la lactancia y el tipo de parto.
En la adultez, factores como el estrés, la alimentación y el uso de fármacos reconfiguran constantemente este equilibrio.
Mantener una microbiota resiliente mediante hábitos saludables favorece un entorno hormonal óptimo para la procreación.
La comprensión de esta interacción bidireccional entre bacterias y hormonas abre nuevas rutas para tratar la infertilidad, centrando la atención en el restablecimiento de la salud intestinal como base para una gestación exitosa.
EFE

