Acarigua.- El pasado jueves, 9 de abril, la ciudad de Barquisimeto se convirtió en escenario de un viaje emocional hecho música. La Orquesta Sinfónica Regional Juan Jacinto Lara presentó el estreno de “Revelaciones”, un poema sinfónico que no solo se escucha: se atraviesa.
La obra pertenece al joven compositor y violinista acarigüeño Ricardo Alfonzo Pérez Escorche, quien a sus 23 años firma una pieza íntima y ambiciosa.

La presentación del compositor acarigueño de apenas 23 años
Más que una composición, “Revelaciones” es una travesía interior. En conversación con Portuguesa Reporta, Pérez Escorche explicó que la obra nace de ese impulso casi universal: abandonar lo conocido para buscar algo que aún no tiene nombre.
“Es lo que vive una persona cuando decide ir más allá de sus propias fronteras”, resumió.
Inicios y nuevos horizontes
La pieza está construida en cuatro movimientos que funcionan como estaciones emocionales.
El primero abre con la incertidumbre: el instante en que se deja el “nido”. Allí, la música respira miedo, indecisión y melancolía, pero también una certeza silenciosa de que hay algo más esperando ser descubierto.

Ricardo inició en la Orquesta Sinfónica Infantil a los 5 años de edad
El segundo movimiento, “Traum von der Liebe” (Sueños de amor), cambia el pulso. El compositor se instala en un nuevo horizonte y, con él, llegan los vínculos: amistades, afectos fugaces y ese amor joven que aún no sabe si permanecerá. Dos solistas dialogan desde la intimidad, tejiendo una conversación sobre lo vivido, lo presente y lo incierto.
En el tercer acto, “Aquel mirado”, la obra se vuelve espiritual. Inspirado en los textos de La Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach, el compositor revela cómo el encuentro con el amor terrenal en Barquisimeto lo condujo de regreso a su fe católica.
“Cómo fue mediante el haber conocido el amor terrenal barquisimetano que me mostró su fe y amor absoluto a Dios, la decisión de volver a mis raíces: el catolicismo. Luego, este mismo movimiento dará vistosidad al instrumento que me acompaño durante algunos años de vida”, expresó.
Este segmento también rinde protagonismo al violín, instrumento que ha acompañado su vida desde la infancia.
El cierre llega con “Esperanza y Revelaciones”, donde todo converge. Es el momento del entendimiento: una especie de éxtasis, en el que cada experiencia cobra sentido. Allí, fe, amor y esperanza dejan de ser conceptos aislados para convivir en un mismo universo: el del propio compositor.
Sensibilidad artística
Detrás de esta obra hay una historia que también suena a proceso. Nacido y criado en el casco central de Araure, Pérez Escorche inició su camino musical a muy temprana edad, en el núcleo Acarigua-Araure.
“Soy músico desde los 5 años. Me formé en el núcleo de Acarigua-Araure de la orquesta, pues soy de allí mismo, del casco central de araure”, dijo a Portuguesa Reporta.
Su formación estuvo marcada por la guía de músicos, violinistas y directores que moldearon su sensibilidad artística.

Ricardo junto a compañeros de la Sinfónica Nacional
Pasó por el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, entre 2014 y 2015. “Viajé a Milán (Italia) en el 2015 y por todos los estados del país, porque estuvimos de gira y todos los días nos presentábamos, desde los Andes hasta oriente”.
En 2023, tomó la decisión que hoy da sentido a “Revelaciones”: emigrar a Barquisimeto para estudiar en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, donde cursa la Licenciatura en Música, mención composición.
“Durante mi estadía en la ciudad crepuscular ha crecido mi visión y enriquecido mi norte en cuanto a su discurso musical, siendo influenciado por los diferentes géneros y sabores que me mostró una ciudad como lo es Barquisimeto”, detalló.
Desde entonces, la llamada “ciudad crepuscular” no solo amplió su formación académica, sino también su universo sonoro, nutrido por géneros, matices y experiencias que ahora dialogan en su obra.

Actualmente cursa la Licenciatura en Música
“Revelaciones” no es solo un estreno sinfónico. Es la prueba de que, a veces, perderse también es una forma de encontrarse. (CNP 25.482)

