Araure.- Hace un mes, el doble terremoto que devastó gran parte de La Guaira volvió a cambiar para siempre la vida de Luisa Ortiz. A sus 63 años, esta trabajadora de mantenimiento de la Gobernación de La Guaira asegura que ya no quiere regresar al estado donde vivió toda su vida.
Hoy, desplazada junto a su familia, pide al gobernador de Portuguesa, Primitivo Cedeño, que gestione su reubicación definitiva en esta entidad.
Luisa es una de las sobrevivientes de la tragedia. El pasado 24 de junio quedó atrapada entre los escombros del edificio OPP 25, en Tanaguarenas, donde residía en un apartamento del tercer piso que recibió en 2012 a través de la Gran Misión Vivienda Venezuela, después de pasar más de una década en refugios tras perder su casa en el deslave de Vargas de 1999.
Aquella tarde estaba sola en el apartamento porque era feriado y no había acudido a trabajar. Entre los restos de concreto sufrió golpes en el seno derecho y una fisura en la pierna izquierda. Con las pocas fuerzas que le quedaban comenzó a remover los escombros hasta abrir un pequeño agujero. “Por allí pude respirar y ver la luz”, recuerda en entrevista con Portuguesa Reporta.
Los minutos posteriores apenas los conserva en su memoria. Solo sabe que logró salir con vida y que luego le contaron que fueron tres niños quienes la rescataron. “Los escuché y les decía que era Luisa, la del piso 3”, relata.
En ese mismo edificio también vivían sus tres hijas y dos de sus nietos. Todos sobrevivieron, pero perdieron absolutamente todo: su vivienda, sus pertenencia y documentación.
Un nuevo desplazamiento
Al día siguiente de los terremotos, sobrinos de Luisa viajaron desde Araure hasta La Guaira para buscarla y trasladarla a Portuguesa.
Ahora permanece junto a otras siete familias guaireñas afectadas por el desastre, refugiadas en la comunidad Campo Alegre, en Araure. Todas llegaron a casas de familiares que fueron reubicados en este sector tras el deslave de Vargas y que hoy, nuevamente, son hogares donde recibir a quienes lo perdieron todo.
Durante esta semana la familia de Luisa acondiciona una Casa de Gobierno de la comunidad para que viva allí temporalmente, junto sus tres hijas y sus dos nietos.
El inmueble, que anteriormente funcionó como un multihogar, dispone de dos habitaciones y un baño, con notables deterioros. No tiene servicio eléctrico, la nevera está dañada y la cocina era utilizada para cursos comunitarios.
“No quiero volver”
Esta es la tercera vez que un desastre natural cambia por completo la vida de Luisa. Primero perdió su vivienda durante el deslave de Vargas de 1999. Permaneció nueve años en el refugio La Almacenadora, en Catia La Mar, luego fue trasladada al Batallón Bolívar y, tras más de diez años de espera, recibió el apartamento que terminó sepultado por los terremotos del pasado 24 de junio.
“No quiero nada en La Guaira. Si me quieren dar una casa, para mí y para mis hijos, que sea aquí, en Acarigua-Araure. A La Guaira no quiero volver. Ya pasé tres desastres naturales y este fue el último”, afirmó.
Su hermana, Zulay Sotillo, pidió públicamente al gobernador de Portuguesa, Primitivo Cedeño, que interceda para que la familia pueda establecerse definitivamente en el estado.
“Yo lo que quiero es que ayuden a mi hermana. Si le van a dar su casa a la familia, porque son cuatro los afectados, quiero que estén aquí en Portuguesa. Que lo que les vayan a dar se los den aquí. Mi hermana quedó muy afectada. Le pido al gobernador Primitivo Cedeño que los ayude, porque quedaron con una mano adelante y otra atrás”, precisó.
Para Luisa Ortiz, regresar a La Guaira ya no es una opción, después de sobrevivir. Solo espera que este nuevo desplazamiento sea el último y que Portuguesa pueda convertirse en un lugar para reconstruir su vida.
Por Mariangel Moro Colmenárez (CNP 25.482)

