Acarigua.- Este domingo, 19 de julio, se celebra en Venezuela el Día del Niño y, ante la compleja realidad que atraviesa el país tras los recientes y lamentables terremotos, especialistas en salud mental infantil coinciden en que el regalo más hermoso a obsequiar, más allá de lo material, es la presencia, el apoyo emocional y el juego.
Las psicólogas Diana Matera y Anaramy Rivero coinciden en que, en contextos de emergencia y dolor, los niños necesitan más que nunca entornos seguros, adultos disponibles y espacios para procesar el estrés a través del juego.
La especialista Diana Matera señaló que el regalo más grande, valioso y duradero que se le puede dar a un niño, “es la certeza de que está a salvo y que es amado”.
Afirmó que la psicología infantil demuestra que los niños no requieren entornos perfectos, sino adultos emocionalmente disponibles. En ese sentido, propone cuatro acciones concretas para los padres: brindar tiempo de calidad, mirar a los ojos, escuchar miedos sin juzgar y ofrecer abrazos prolongados como un “ansiolítico natural” para calmar su sistema nervioso.
Asimismo, recomendó a padres y a cuidadores proteger lo que consumen, evitando la exposición a noticias repetitivas o imágenes impactantes del desastre, además del juego como herramienta principal para que los pequeños puedan procesar el estrés y sanar.
Matera considera importante hablar con honestidad y ternura, recordándoles que está bien sentir miedo, pero que los adultos están allí para cuidarlos.
Acompañamiento
Por su parte, la psicóloga Anaramy Rivero hizo énfasis en el acompañamiento, y respaldó la idea de que el mejor regalo es la presencia y la protección emocional.
Advirtió que la infancia puede verse afectada por situaciones traumáticas, incluso sin haberlas vivido de forma directa, por lo que la calma del adulto se convierte en un factor protector esencial.
Entretanto, indicó que es importante abordar las pérdidas y el dolor respetando, los ritmos individuales de cada menor. “Debemos acompañar las pérdidas con honestidad y respeto, utilizando un lenguaje claro y permitiendo que los niños hagan preguntas y expresen sus emociones sin imponerles una forma ‘correcta’ de vivir el dolor. No todos lloran; algunos juegan, preguntan repetidamente o parecen tranquilos”, explicó la especialista.
La psicóloga instó a las familias a escuchar, responder con honestidad y observar con atención los cambios en la conducta, el sueño o las emociones de los hijos, utilizando el juego y el dibujo como canales de elaboración del trauma.
Finalmente, Rivero recordó que, incluso en contextos de emergencia, los niños son sujetos de derechos fundamentales: protección, salud mental, información adecuada para su edad y seguir jugando. “El regalo más valioso puede ser un abrazo, una conversación honesta, un espacio para jugar y la certeza de que hay un adulto que los escucha y protege. No podemos evitarles todas las dificultades, pero sí podemos evitar que las enfrenten solos”, expresó.(CNP 13.114)

