Ibiza.- España es uno de los países que más migrantes venezolanos recibe, muchos de ellos profesionales, pero pocos son los que logran homologar y ejercer su profesión.
Uno de estos casos es el de Walter José Segovia Di Natale, médico cirujano, quien quería estudiar Derecho y Medicina. Eligió esta última por vocación, pero también por la guía de su madre, Lucía Di Natale, pedagoga y coach emocional.
“La duda era práctica: Medicina duraba un año más. Pero mi madre me dio un consejo que se me quedó grabado: ‘El tiempo de igual forma va a pasar. Decidas estudiar cinco años o seis, ¡ese año pasará! Lo importante es en qué lo vas a invertir: ¿en crecer y ser lo que quieres, o en acortar el tiempo en el que te quieres graduar?’, nos cuenta.
“Esa frase me marcó. Y desde entonces la aplico en muchas decisiones: el tiempo va a pasar sí o sí; lo que define tu vida es lo que haces con ese tiempo”, explicó.

Recién graduado de médico en Venezuela.
Se graduó sin retraso en 2013, en la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Centrales “Rómulo Gallegos”, y hoy está convencido de que fue una de las mejores decisiones de su vida.
No dudaba de que la Medicina era una de las herramientas más funcionales que podía tener ante sí para servir al prójimo, pero aún faltaba “algo” para complementar su formación integral. La búsqueda no terminaba con ese título.
La experiencia de su madre aplicando métodos alternativos —a la par del tratamiento indicado por el médico—con su abuela, quien había sido diagnosticada con cáncer, le abrió un nuevo camino.
Recientemente, Walter se certificó en España como máster en Neurociencias y aplica con sus pacientes tanto la Medicina para aliviar los síntomas físicos como su nueva especialidad, para revisar las emociones no manifestadas que nos enferman y causan sufrimiento. Porque uno no excluye al otro, sino que se complementan.

Actualmente ejerce como médico en Ibiza, España.
Ha dictado charlas, participado en lives y, en Acarigua-Araure, fue uno de los speakers de la conferencia motivacional “Evoluciona”. Además, continúa formándose.
Escuchar al paciente con atención, darle tiempo más allá de la consulta médica y tratamiento, ofrecerle un poco más de luz sobre sus alteraciones emocionales y biológicas, lo hace un médico diferente.
Afirma que él mismo se ha transformado físicamente y que en su vida ha logrado objetivos concretos trabajando su diálogo interior.
Por eso escribió un libro sobre esa experiencia personal, del que publicará próximamente algunas cápsulas. A la par, está desarrollando su página web con información relevante sobre el método Neoprogramación Emocional, para que esté al alcance de todos.
“Estamos trabajando en equipo porque queremos ayudar a la humanidad a despertar la conciencia, impartiendo conocimiento de valor, teórico-práctico, incluso sin que nosotros, como tutores, estemos físicamente presentes”, afirmó Segovia.
El camino del conocimiento nunca termina —agregó—, siempre hay algo que aprender, que mejorar, una nueva versión de nosotros mismos que podemos construir. Pero creo que es importante hacerlo desde un espacio de amor y no desde el ataque. No se trata de castigarnos por no ser todavía quienes queremos ser, sino de reconocer que estamos siendo una versión mejor que la que fuimos en momentos anteriores.
Conocimiento y transformación
Este acarigüeño sintió desde muy pequeño una curiosidad especial por la biología, la ciencia y el conocimiento en general.
“Cuando somos niños, muchas cosas nos resultan intrigantes precisamente porque no tenemos respuestas. Y creo que ahí comienza el verdadero camino del aprendizaje: en esa necesidad de comprender lo que todavía no conocemos”.
Después de graduarse, trabajó en la Unidad de Diálisis y Trasplante de Acarigua-Araure, en el estado Portuguesa, y posteriormente fue residente asistencial de Cirugía en el mismo hospital.
Era una etapa de escasez ruda. Venezuela estaba atravesando una crisis sociopolítica y económica cada vez más profunda. El acceso a la información, a las oportunidades y a muchas herramientas de desarrollo profesional se veía muy limitado y Walter comenzó a considerar la posibilidad de emigrar.

También es máster en Neurociencia.
El principio
“Pero antes de hacerlo ocurrió algo que marcaría profundamente mi vida.
En el año 2014, mi abuela, una persona a la que amo muchísimo y que todavía siento muy presente, atravesó un proceso de cáncer. Ella ya se ha ido de este plano, pero su influencia continúa formando parte de mí”, reveló.
Lucía, su madre, comenzó a investigar información relacionada con el origen emocional de las enfermedades. Encontraba patrones emocionales que, según aquellas fuentes, se repetían en distintos pacientes con cáncer y otras enfermedades.
“Por supuesto, al principio mi reacción fue de mucha resistencia. Yo era médico y había sido formado dentro de un modelo científico en el que las enfermedades se explicaban a través de microorganismos, alteraciones celulares, mutaciones, multiplicación anormal de ciertas células y otros mecanismos biológicos.
En muchas conversaciones y debates familiares sobre la evolución del cáncer de mi abuela, discutía con mi madre”, expresó.
—Recuerdo que llegué a decirle que no había estudiado todos estos años de Medicina para pensar que las enfermedades eran emocionales. No era una postura de desprecio, sino una defensa de todo lo que había aprendido y de la manera en que entendía la enfermedad. Sin embargo, algo dentro de mí empezó a despertar. Poco a poco, comencé a investigar y a acercarme a aquella información, aunque, al principio, lo hice desde la duda y la resistencia.
En ese proceso tuvo contacto con un documental que marcó su vida: ¿Y tú qué sabes?, de Joe Dispenza, y su experiencia. Enseguida conectó con ese lenguaje.
“Lo que me impactó fue que muchas de aquellas ideas se presentaban desde un enfoque científico”.
A partir de ese momento —agregó— comenzó a entender que la mente, el pensamiento y, sobre todo, las emociones podían influir profundamente en la manera en que una persona interpreta la realidad, toma decisiones y responde ante el estrés.
Ibiza
En el año 2022 salió de Venezuela en busca de nuevos horizontes, con la intención de acceder a otras oportunidades relacionadas con todo aquello que se había despertado en él.
“El proceso migratorio a España no fue sencillo. Mi intención inicial era irme a Italia, pero eso no fue posible. En Ibiza estaba sin dinero y sin la documentación necesaria para poder trabajar como médico. Fue entonces cuando descubrí que tenía una oportunidad única: aplicar todo aquello que hasta ese momento solo conocía a nivel intelectual”, afirmó.
—Empecé a meditar. Comencé a relacionarme con la metacognición y con la simulación experiencial. Utilizaba todo el conocimiento que había acumulado para instalar, desde una perspectiva de neuroplasticidad, una especie de nuevo software biológico en mi manera de pensar, sentir y actuar. ¡Quería empezar a vivir y a contarme una historia diferente de lo que estaba sucediendo! No negaba la realidad, sabía perfectamente que estaba indocumentado, que no tenía dinero y que no podía trabajar en mi profesión. Así que decidí experimentar y, dentro de la meditación, comencé a crear espacios en los que pudiera sentir que estaba disfrutando de la vida en el presente, incluso mientras atravesaba todas aquellas dificultades.
Cocinero… por ahora
Consiguió trabajo como ayudante de cocina. Llamó a su madre y le dijo que le habían ofrecido un curso intensivo de cocina de seis días a la semana, durante ocho horas consecutivas, y que además estaba becado con una cantidad de dinero que, en realidad, correspondía a su sueldo.

En su época como ayudante de cocina.
—Esa era la historia que empecé a contarle a mi mente inconsciente todos los días mientras meditaba y aplicaba la simulación experiencial: yo no estaba simplemente sobreviviendo; estaba atravesando un espacio de aprendizaje.
“Después de dos años trabajando como ayudante de cocina, cerré ese ciclo. Aquella experiencia había cumplido una función importante en mi vida. Me había permitido sostenerme, aprender, conocerme en circunstancias completamente nuevas y demostrarme que podía adaptarme a una realidad muy diferente. Algo muy bueno salió de aquellos días: actualmente cocino una comida mediterránea deliciosa. ¡Tienen que probar mis paellas!”, dijo con humor.
Volver a la colmena
Regresó a Venezuela y, aunque estaba feliz por volver a ver a los suyos, sentía que ya no era la misma persona que había salido años atrás.

En una terapia de sonido impartida por su primo Alessandro Mea, su madre y algunos amigos.
“Me gusta pensar que hice algo parecido a lo que hacen las abejas: salí de la colmena, busqué información, aprendí, viví nuevas experiencias y después regresé para llevar todo aquello de vuelta y ver qué podíamos hacer con esa información. ¡Cómo podíamos transformarla en miel! En Venezuela tuve la gran oportunidad de conocer a personas maravillosas que me hicieron tener contacto con una perspectiva relacionada con el trabajo energético, la meditación, las frecuencias y las vibraciones”, indicó Walter.
Durante ese valioso período, intercambió mucha información sobre meditación y neurobiología, así como sobre los efectos de los baños de gong, con su primo Alessandro Mea, Yeferson Rodríguez, estudioso de estas prácticas, y su propia madre.

Junto a Yeferson Rodríguez en una entrevista de radio.
A partir de esas conversaciones surgió la idea de crear un proyecto con estas personas: “Evoluciona”, en el año 2024. El evento fue un verdadero éxito y representó un acercamiento muy importante a lo que quería hacer: transmitir información capaz de inspirar y motivar a otras personas a transformar su vida.
“La idea era ofrecer contenidos con el propósito de ayudar a las personas a modificar su yo interno en relación con sus pensamientos, sus emociones y, como consecuencia, la forma en que podían actuar sobre su propia realidad”, indicó.
Trayecto
“Después de esa etapa, uno de mis grandes proyectos personales seguía siendo aprender inglés. Llevo bastante tiempo estudiándolo y actualmente me siento mucho más cómodo, aunque sigo avanzando y aprendiendo.
En aquel momento decidí viajar a Estados Unidos para enfrentarme directamente a esa barrera. Estuve en Carolina del Norte y también en Nueva York, visitando, paseando, conociendo lugares y, sobre todo, exponiéndome a la interacción con personas nativas”, dijo.
—Regresé a Ibiza y comencé a trabajar en una empresa internacional, en el área de atención al cliente. Ibiza es un lugar al que llegan personas de todo el mundo y, en muchos contextos, el inglés es el idioma más accesible para comunicarse. Al principio fue un desafío, pero poco a poco empecé a sentirme más cómodo.
Mientras trabajaba, continuó avanzando con el proceso de homologación de su título de médico en España, que recibió en marzo de 2025. Ese fue otro gran cierre de ciclo y, al mismo tiempo, el inicio de una nueva etapa. Ya podía acceder al ejercicio de la Medicina clínica en España.
“Después de todo lo que había vivido, regresar a la práctica clínica tenía un significado muy especial: volver con una perspectiva diferente, con nuevas preguntas y con un interés cada vez mayor por la Neurociencia y su aplicación en la vida cotidiana y en la práctica clínica. En cuanto tuve la oportunidad, decidí comenzar un máster en Neurociencia en España. Fue una experiencia espectacular, porque amplió enormemente mis conocimientos sobre la aplicación de la Neurociencia en diferentes ámbitos: el empresarial, la calidad humana, los recursos humanos y, por supuesto, la salud”, explicó.
Durante la formación obtuvo información muy valiosa que continuó ampliando su visión. Al mismo tiempo, llevaba muchos de esos aprendizajes a la práctica clínica y observaba cómo algunos pacientes respondían de manera diferente según su actitud, sus pensamientos y su disposición frente al proceso de recuperación.
“Como médico y como observador, empecé a preguntarme qué parte de todo aquello podía estudiarse, organizarse y transmitirse a otras personas de una manera estructurada. Así nace la Neoprogramación Emocional, con la intención de que la persona tenga un espacio propio para cuestionarse, observarse y comenzar a despertar su conciencia desde una perspectiva basada en la ciencia”.
Actualmente, Segovia continúa desempeñándose en la práctica clínica y está desarrollando los medios audiovisuales necesarios para entregar cápsulas informativas y hacer que esta metodología pueda llegar a todos, en cualquier lugar del mundo.

Con sus compañeros médicos.
La idea es —enfatizó— que cada persona pueda construir su propio laboratorio interno: un espacio en el que pueda observar sus pensamientos, cuestionar sus patrones, crear nuevas emociones y aprender a relacionarse de una forma diferente consigo misma.
“Para mí, la Neoprogramación Emocional no es únicamente información. Es información aplicada, organizada de manera secuencial para que cada persona pueda comenzar a experimentar un proceso de transformación desde su propia biología, desde su propia historia y desde su propia capacidad de aprendizaje”. CNP 16.100

