Detrás de la promesa de un empleo bien remunerado, una oportunidad para viajar, un supuesto novio conocido por internet o un préstamo para resolver una urgencia familiar, muchas veces se esconden criminales que se dedican a la captación, el traslado, sometimiento y explotación sexual de mujeres, niñas y adolescentes. En los últimos años, debido a la creciente migración, la frontera entre Venezuela y Colombia se ha convertido en espacio para la proliferación de estos delitos, pues concentra algunas de las condiciones que facilitan la actuación de las redes de trata de personas: desplazamiento forzado, pobreza, falta de documentación, ausencia de oportunidades y presencia de grupos armados. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos advierten que las dinámicas de explotación ya no solo buscan sacar a las víctimas del país, ahora pueden comenzar, incluso, desde casa.
Un informe elaborado por la Corporación Mujer Denuncia y Muévete, que tomó como base a 630 participantes en procesos de atención efectuados por la organización en las regiones de Cúcuta, Norte de Santander y el Catatumbo, describe a la frontera colombo-venezolana como uno de los escenarios más complejos de América Latina en materia de movilidad humana, vulnerabilidad social y establecimiento de economías criminales.
En esta zona, señala el documento, la trata con fines de explotación sexual se ha consolidado como una de las formas más graves de vulneración de los derechos humanos de mujeres y niñas. Los casos documentados muestran marcada presencia de víctimas de nacionalidad venezolana, la mayoría de entre 16 y 29 años de edad, captadas mediante falsas ofertas laborales, engaños afectivos, manipulación a través de redes sociales o coerción económica. Después de la captación, algunas son trasladadas o incorporadas a circuitos de explotación en Cúcuta, Villa del Rosario, Tibú, Ocaña y otras zonas relacionadas con corredores de economías ilegales y control armado.Pero la frontera es apenas una parte del mapa. Los registros de Mulier Venezuela muestran que la trata de personas también se ha documentado en el país, en entidades como Anzoátegui, Carabobo, Delta Amacuro, Miranda, Monagas y Táchira, además del Distrito Capital. Registros de 2023 y 2024 citados por la organización muestran rescates de venezolanas en al menos 13 países.
Y mientras las autoridades y organizaciones intentan identificar tanto a víctimas como a victimarios, las redes criminales van evolucionando para evitar ser identificadas. La explotación que antes podía requerir el traslado físico de una mujer a otro país puede comenzar ahora frente a la pantalla de un teléfono. Una adolescente puede ser captada mediante una cuenta falsa, una promesa amorosa o una oferta de ayuda. Una mujer puede recibir un teléfono costoso que, lejos de ser un regalo, constituye una herramienta para producir imágenes que después serán comercializadas.
“La trata ha mutado”, resume Estefanía Mendoza, coordinadora de Mulier Venezuela. A su juicio, las redes han perfeccionado sus mecanismos de explotación hasta el punto de que ya no necesitan mantener a una víctima encerrada para obtener ganancias. La consecuencia es una violencia que se vuelve menos visible, precisamente, porque puede parecer normal.
El Nacional

