Salud

Orinar sentado o de pie: qué cambia en hombres sin síntomas urinarios, según un estudio

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Escrito por Redacción

La escena es conocida y la pregunta parece menor, aunque abre un debate persistente en los baños de todo el mundo: ¿conviene que los hombres orinen de pie o sentados? Un ensayo clínico con adultos jóvenes sanos puso ambas posturas bajo medición y no detectó diferencias relevantes en el flujo urinario máximo ni en el volumen de orina expulsado. Para los hombres que participaron, la elección quedó mucho más cerca de la costumbre personal que de una recomendación médica.

El estudio fue realizado por investigadores del Grupo de Investigación Urológica de Colombia, estuvo encabezado por Juan Iregui-Parra y se publicó en la revista Neurourology and Urodynamics. Con un diseño aleatorizado, comparó las dos formas más frecuentes de orinar. El resultado principal desarma una idea extendida: cambiar de posición, por sí solo, no pareció mejorar de forma apreciable el desempeño urinario de la población evaluada.

La investigación se concentró en parámetros que permiten mirar la micción más allá de las sensaciones. Los científicos observaron la velocidad máxima de salida de la orina, el volumen total evacuado y el tiempo que demoraba cada participante en alcanzar el punto de mayor flujo. Así, llevaron a una prueba controlada una duda cotidiana que suele resolverse entre hábitos familiares, comodidad e higiene.

El ensayo comparó a cada voluntario consigo mismo

El trabajo reunió a 52 voluntarios sanos de entre 18 y 39 años. Ninguno tenía trastornos urinarios conocidos. Todos atravesaron dos instancias de uroflujometría, una sentados y otra de pie. La uroflujometría es un estudio que registra la velocidad y el volumen de orina durante la micción y se utiliza como apoyo en la evaluación urológica.

El diseño tuvo una particularidad decisiva: cada hombre fue su propio punto de comparación. De ese modo, los investigadores buscaron reducir el efecto de las diferencias individuales, como la edad, la capacidad de la vejiga o las variaciones naturales del flujo urinario entre una persona y otra.

El orden de las pruebas tampoco quedó librado al azar cotidiano. Una parte de los participantes recibió la indicación de orinar primero sentada y luego de pie; el resto hizo la secuencia inversa. La asignación se realizó al azar y hubo, como mínimo, 24 horas entre una medición y la siguiente. Ese intervalo apuntó a evitar que una prueba condicionara a la otra.

Más que establecer cuál postura era “mejor”, los autores buscaron una respuesta concreta: si el cuerpo de un hombre joven y sano evacúa la orina de forma distinta según esté sentado o parado. La respuesta, en los dos indicadores principales, fue que la posición tuvo poca influencia práctica sobre la uroflujometría.

El caudal máximo y el volumen evacuado no mostraron una ventaja clara

El caudal máximo es el momento en que la orina sale con mayor velocidad durante la micción. Al comparar ambas posturas, el promedio fue apenas 1,47 mililitros por segundo menor en posición sentada. Esa diferencia no permitió concluir que una de las alternativas ofreciera una ventaja consistente sobre la otra.

El volumen total expulsado siguió la misma línea. La diferencia promedio fue de 14,7 mililitros, un resultado que tampoco permitió atribuir a la postura un efecto claro. En términos cotidianos, el ensayo no encontró que sentarse ayudara a expulsar más orina ni que estar de pie favoreciera un chorro más potente en hombres sanos.

El dato es relevante porque muchas de las afirmaciones sobre el tema parten de una premisa sencilla: que una postura más relajada necesariamente mejora el vaciamiento de la vejiga. El nuevo trabajo no respalda esa afirmación como regla general para los hombres jóvenes sin síntomas urinarios.

La investigación sí encontró una diferencia en una variable secundaria. Los voluntarios tardaron, en promedio, 3,32 segundos más en alcanzar su máximo flujo cuando orinaban de pie. Sin embargo, los propios autores señalaron que ese resultado estuvo influido en parte por un valor atípico y que su magnitud difícilmente tenga una consecuencia clínica.

El cronómetro registró una variación, pero el hallazgo no alcanza para convertir la postura sentada en una recomendación sanitaria para todos. En la experiencia diaria de los participantes, llegar unos segundos antes al punto máximo del chorro no equivale a vaciar mejor la vejiga ni a proteger la salud urinaria.

La ausencia de una diferencia no prueba que ambas posturas sean idénticas

El estudio incluyó un análisis de equivalencia, una herramienta diseñada para establecer si dos alternativas pueden considerarse comparables dentro de un margen fijado antes de comenzar. En este caso, ese análisis no permitió afirmar formalmente que el flujo máximo fuera equivalente en las dos posiciones.

La precisión es importante para interpretar el resultado sin exagerarlo. Los investigadores no demostraron que orinar sentado y de pie produzca exactamente el mismo efecto. Lo que mostraron es que, en esta muestra y con las mediciones realizadas, no apareció una diferencia relevante en los parámetros centrales.

La distinción puede parecer técnica, pero cambia el alcance de la conclusión. Un estudio pequeño puede no detectar una diferencia que sí aparecería con una población más amplia. Por eso, los autores plantearon la necesidad de ensayos de mayor tamaño, con protocolos registrados de antemano y con participantes de perfiles diversos.

También hay un límite evidente: los 52 voluntarios eran jóvenes y sanos. Los resultados no pueden trasladarse de forma automática a hombres mayores ni a quienes consultan por chorro débil, esfuerzo para empezar a orinar, goteo posterior, necesidad frecuente de ir al baño o sensación de no vaciar por completo la vejiga.

En hombres con síntomas urinarios, la respuesta puede ser diferente

La discusión sobre la postura al orinar no empezó con este ensayo. Una revisión de investigaciones anteriores había sugerido que, en hombres con síntomas del tracto urinario inferior, la posición sentada podría favorecer un vaciamiento más completo de la vejiga. En los hombres sin esas molestias, esos trabajos tampoco encontraron una ventaja estable de una postura frente a la otra.

Los síntomas del tracto urinario inferior pueden tener distintas causas. Entre ellas figura la hiperplasia prostática benigna, un agrandamiento no canceroso de la próstata que se vuelve más frecuente con la edad y puede dificultar el paso de la orina. En esos casos, la postura, la relajación del suelo pélvico y otros factores pueden adquirir un peso distinto al observado en adultos jóvenes sin problemas urológicos.

Por ese motivo, la nueva investigación no reemplaza una consulta médica cuando aparecen cambios persistentes en la micción. Dolor, sangre en la orina, dificultad para iniciar o detener el chorro, disminución marcada de la fuerza del flujo, urgencia frecuente o la sensación de que la vejiga sigue llena son motivos para una evaluación profesional.

El aporte del ensayo está en haber incorporado una comparación aleatorizada, una característica ausente en parte de los estudios previos sobre el tema. Al alternar las posturas y medir a las mismas personas, el equipo redujo algunas de las dudas habituales en este tipo de investigaciones.

La conclusión práctica tiene un alcance acotado, pero es clara. En los hombres jóvenes y sanos analizados, sentarse o permanecer de pie no modificó de manera apreciable el caudal máximo ni el volumen de orina evacuado. La decisión puede responder a la comodidad, la privacidad, la costumbre o las condiciones del lugar.

Queda pendiente saber si una muestra mayor confirmará los resultados y qué ocurrirá al repetir el experimento entre hombres de más edad o con síntomas urinarios. Hasta entonces, el estudio aporta una respuesta mesurada a una pregunta habitual: para los participantes evaluados, la postura no cambió de forma relevante cómo funcionó su micción.

Infobae

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